lunes, 31 de enero de 2011

Huyendo del Spa

La tercera copa de vino que se servía Till hacía que su historia ganase en credibilidad. El oriundo alemán que tenía  delante no cesaba de abrirme su corazón, ayudado en gran medida por el Pinot Gris de la zona de Nelson que se estaba convirtiendo en su mejor aliada esa noche. ¡Ferraris, mujeres, alcohol, dinerol! - me gritaba Till en un inglés claramente germanizado. Ese era su pasado. Ése, y una mujer suiza y una hija fruto de su relación que le habían abandonado. Sus ojos se volvían cristalinos cuando hablaba de ellas, y de como el Jagermeister se interpuso entre los dos. Demasiado alcohol - me decía. Demasiado tarde a casa. Demasiado borracho. Demasiado desatendida. Se apreciaba un tono de comprensión hacia ella, y hacia la decisión de dejarle que había tomado.

Till había regentado uno de los locales nocturnos de más exito de Suiza, y había vuelto después a Alemania con su nueva mujer adquirida en el país neutro, para llevar un restaurante que más tarde le reportó incluso una medalla al mérito por parte del gobierno alemán. Deprimido después del abandono de su mujer, vendió el restaurante por un precio ridículo. Cuando la palabra 'ridiculous' salía por su boca, la mueca de la cara se la acentuaba al máximo, como si todavía le doliese en el alma. Todo el material del restaurante lo mantiene en un contenedor en Croacia, donde tiene pensado reanudar su vida empresarial, siempre y cuando el periplo neozelandés no le haga cambiar de opinión. Está trabajando en el Kimi Ora Spa Resort en el que estamos nosotros estos días, regentado por Dietmar y Bárbara, alemanes también, que parece que le han dado una oportunidad a Till, pasada la cuarentena, de tomarse un tiempo de reflexión mientras trabaja relajadamente allí. Nos ha caido bien el alemán pringao.

Como todo, el Resort tiene sus ventajas e inconvenientes a la hora de wwoofear en él. Por un lado una hora más de curro al día que en el resto, y unas instalaciones para dormir/vivir un poco peores que en el resto de sitios en los que hemos estado. Otro punto en contra es que el restaurante del resort y en el que nosotros comemos también es vegetariano. Para contrarrestarlo nos hemos ido hoy a Motueka a meternos un chuletón de medio kilo para cenar, por si nos pasaba algo con tanto verde. Además de ello, el trabajo que desempeñamos aquí no nos termina de gustar. Sin ir más lejos, nos toca currar en la cocina del restaurante fregando platos y lmpiándola, dejando el trabajo de jardinería que se supone que íbamos a desarrollar en un principio a un lado.


Los dueños y wwoofers en su mayoría son alemanes, y para alemanes nos vamos a Alemania, aquí lo que queremos es conocer kiwis, que además son bastante más majos. Hay un francés, que lleva 3 años viajando por el mundo, concretamente India, Nepal, NZ y ahora va a Mongolia. El tipo es budista, claro, aunque  no sabemos si venía así de serie o se convirtió en Nepal. Por aquí le llamamos 'the Monk', el Monje. Toca el piano, y todos los días le da un rato en uno que hay en el restaurante. Un día, unas notas salidas del piano nos hicieron ponernos a bailar. Era una melodía que perfectamente podría encajar dentro de la banda sonora de Amelie. Pues bien, el compositor no era otro que el propio pequeño monje gabachín. Otra no-alemana es una maorí que hace los masajes, no sabría decir si el hecho de ser maorí es un punto a favor o en contra a la hora de hacer masajes. Otro tipo bastante peculiar que hemos conocido aquí es un peruano, el cual debió robarle el bigote a mi padre hace 20 años para no devolvérselo nunca.

La parte positiva de estar aquí es bastante evidente, tenemos acceso gratuito a todas las instalaciones (salvo maorí-masajes) siempre y cuando no haya clientes utilizándolas. Nosotros ponemos cara de clientes y las utilizamos cuando nos da la gana. Ésto sería algo parecido al Rancho Relaxo.
En Nueva Zelanda pasa algo curioso. Nunca fue víctima de las grandes enfermedades mundiales que asolaron otros lugares, debido a que nunca llegaban los virus aquí. Los enfermos que las podían transmitir o bien morían en el largo y pesado trayecto o pasaban la cuarentena, con lo que llegaban sanotes aquí. Bueno, pues algo parecido debió pasarle al ritmo, aquí no ha llegado. Es dificil describir un espectáculo como el que presenciamos en un bar de Kaiteriteri, pueblo anexo al Resort que nos aloja. Supongo que lo más parecido sería decir que un grupo de kiwis cuarentones trataban de espantar las cansinas sandflies (moscas de la arena) mientras sonaban canciones de Abba interpretadas por un hombre orquesta que seguramente no se había visto en una igual en su vida. A todo esto, los kiwis no dejan de ser hijos de la Gran Bretaña, con lo que sus mofletes se iban enrojeciendo a cada cerveza ingerida y a cada goterón de sudor expulsado.


En nuestro día libre semanal nos fuimos a hacer kayaking por Abel Tasman, de manera que pudimos llegar a playas que sólo son accesibles por mar. Hasta el momento las mejores playas que hemos podido disfrutar por aquí. Así que tenemos planeado volver a hacerlo, pero ésta vez dos días, de manera que podamos pasar la noche acampando en una de esas playas paradisiacas. Ya os contaremos. No obstante el Resort no encaja con lo que nosotros buscamos en ésta aventura por tierras neozelandesas. Así que nos vamos de aquí, un poco más al sur, en Motueka Valley, donde nos esperan Ana y Roy y su hijo en la edad del pavo Leon.

PD : En nuestra granja actual no tenemos internet, y hemos estado incomunicados por un vientaco. Nueva Zelanda es asin!!

martes, 18 de enero de 2011

Rugby, vino y rock 'n' roll

Tenía que salir un día como hoy, un día de perros (day of dogs), para que volviésemos a sentarnos a escribir. Y es que la experiencia en la Isla Sur está siendo de lo más fructífera e intensa y nos deja demasiado tiempo para escribir.

Ya hemos dejado atrás la granja de Arrowtown, la de los abuelillos, que por el momento es donde mejor hemos estado. Ya hemos decidido que de mayores queremos ser como ellos. El abuelillo, Graeme, tiene algo especial, da la impresión de haber disfrutado la vida al máximo, y con esa tranquilidad vive. Como bien dicen, lo único que les importa es tener buena comida, buen vino y buena compañía, no necesitan nada más. Han vivido en Fidji, en otra isla de la
Polinesia de cuyo nombre no puedo acordarme y han viajado por todo el mundo, aunque en España el único sitio en que han estado es en Vigo, y porque el crucero que estaban haciendo por todo el mundo hacia escala allí.

Arrowtown es un pueblo que creció en la época de la fiebre del oro, y ha sabido mantener la estética e entonces. Es pequeña, y sirve como relajado reclamo turístico de un día para los visitantes de Queenstown, una de la ciudades más repletas de turistas del país. Nosotros nos alojamos en una casa que data de 1860 y que alquilan los abuelillos como bed and breakfast.


Las tardes que no teníamos planes de ir aquí o alla, el abuelillo nos proponía ir a The Tap, que vendría a ser como el Pedro, con todos los kiwis lugareños dándole bien a la birraca después de un día de curro granjeril. Allí conocimos a kiwis de lo más variopintos, entre ellos al tío mas alcohólico de Arrowtown, amigo de Graeme. Se vino a beber unos 4 litros de cerveza negra en cuestión de hora y media con llamada de su señora dándole el primer aviso por medio incluida. El tío daba la impresión de que después del bar se iba a ir a buscar un puente donde pasar la noche. Pues bien, al día siguiente fuimos a visitarlo para coger algo de huevos y patatas a su granja. Nuestra vista no alcanzaba a ver toda su propiedad,

llena de todo tipo de animales, huertos sin fin, un par de casas de lujo para alquilar y otra para ellos mismos. Al loro con el borracho. También conocimos allí a David John, un pintor inglés que emigró hace años a Nueva Zelanda (como nosotros) y se ha montado su galería de arte en este pueblecillo. Los abuelillos tienen un retrato de Graeme pintado por él que es realmente impresionante. A nosotros nos regaló un libro de grabados de edificios históricos y paisajes de Arrowtown muy majos.


Hemos trabajado muy duro en esta granja. Durísimo. Una muestra. Martes. Nos levantamos sobre las 8 y media (al irse a la cama Graeme siempre nos decía : nos vemos mañana, pero no demasiado temprano...). Desayuno relajado. Al terminar, Graeme me dice que nos vamos a ir a buscar unos palés, que quiere hacer una especie de recinto donde echar la basura orgánica. Cogemos el remolque, lo enganchamos a la furgo y con el impresionante desgaste físico realizado nos subimos los dos a ella, suspiramos, nos tomamos un descanso y nos dirijimos en dirección


a Queenstown, a unos 20 minutos por una carretera paradisíaca. Allí llegamos a un camping, regentado por un amigo de Graeme, antiguamente fontanero, que tiene palés de sobra. ¿Cargamos los palés? No, hombre, no, vamos a tomar un café con el tipo del camping, el cual no tenía pinta que se fuese a morir de un infarto por estrés tampoco. El café se alarga a casi una hora, a pesar de ser de una calidad lamentable. Ufff, parece que llega el momento de cargar los palés. No, todavía no, primero el tipo del camping nos tiene que enseñar como está decorando el camping, a base de grifos y tuberías, muy majo. Además de ello nos cuenta un poquito su vida, no vaya a ser que se nos acabe el tema de conversación y tengamos que currar. Después de ello si llega
el momento de cargar los palés. Cargamos la friolera de ¡¡¡4 palés!!! Exhaustos, nos dirigimos hacía el vehículo como buenamente podemos, a cuatro patas. Una vez en él, suspiramos, nos tomamos un descanso y nos dirigimos de nuevo a Arrowtown. Cuando llegamos, todo parece indicar que es momento de descargar los palés. ¡No, hombre no! - me dice Graeme - ¡no ves que es la hora del lunch!

Otro día de los más duros fue cuando nos tocó sacar a los perros de los vecinos. Fue un paseo de lo más estresante, por un camino que seguía el curso de un río, por donde Frodo y los otros colegas se encontaron por primera vez con los Nazgul esos feos y el río donde la elfa hace el conjuro para deshacerse de los malos. Debimos pedir un plus de peligrosidad, por si nos aparecían a nosotros.


Con tanto estrés y esfuerzo físico, tuvimos que tomarnos un par de días de descanso para visitar el sur de la Isla Sur para luego volver de nuevo con los abuelillos. En esos dos días vimos la zona de fiordos de Milford Sound. Es algo impresionante. Durante el camino pudimos ver un pequeño glaciar, el cual, lejos de estar tan comercializado como los de Franz Josep y Fox nos permitió subir y caminar por él sin tener que dejarnos un pastón como nos hubiese pasado en cualquiera de los otros dos.

También fuimos por una de las zonas que más sirvieron de escenario para el Señor de los Anillos, con lo que nos dimos el gustazo de darnos un paseo a caballo por Isengard, Lothlorien y las Misty Mountains. No vimos ningún elfo, ni hobbit, ni orco, pero si algún zorromonstruo, en forma de monitora del paseo a caballo. Lo cierto es que nos hemos tragado ya las dos primeras peliculas de la trilogía, para ver por donde ya hemos pasado (frikis).

También tuvimos la opción de ver al fin una competición de rugby. En Queenstown se celebró un torneo, en el cual se reunieron los mejores equipos de Nueva Zelanda y se pegaron el día entero dándose buenos leñazos hasta que quedaba un ganador, en éste caso Auckland que ganó a Taranaki en la final. La conclusión a la que llegamos es que el rugby es un deporte sencillo, al menos en Nueva Zelanda, gana siempre el equipo que más maorís tiene.

Y después de despedirnos de los abuelillos con mucha pena nos dirigimos hacia el norte, a la zona de Nelson y al parque nacional de Abel Tasman. Por el camino paramos en el lugar donde se comercializó el tema del puenting por primera vez en el mundo. Fue una experiencia de lo más intensa y acojonante, algo único e irrepetible...........ver como se tiraban los demás. Además de ello vimos el monte Cook, el pico más alto de Nueva Zelanda, algún que otro glaciar, focas,...y lo más importante,
ya hemos estado en las antípodas de La Coruña!!
Después de irnos de Arrowtown, hemos recibido la plegaria de los abuelos de que volvamos, que nos adoptan como nuevos hijos y herederos. Nos lo estamos pensando seriamente.
Como nuestra estancia ha sido tan estresante y dura en Arrowtown, hemos decido trabajar unas semanas en un Spa Resort, a ver si nos relajamos un poco.



PD : A los de siempre, lo de las ovejas alguna que otra vez ya hemos hecho algo parecido por las callejuelas del Torrescal, cambiando ovejas por borregos. Pero volveremos a hacerlo con el estilo importado de Nueva Zelanda.

martes, 4 de enero de 2011

De playas, selvas, glaciares y demás

Kia Ora killos y killas!

Como os comentamos en anteriores entregas, la nochevieja la pasamos en Wellington. Durante los dias previos, preguntábamos a la gente que íbamos conociendo si había alguna forma especial de celebrar la cuenta atrás para los kiwis, como en España tenemos las uvas. Después de mirarnos de forma rara, la gente
se limitaba a responder negativamente. Con lo que decidimos bajarnos del yutuf algunas campanadas de algún año previo y pasarlas al móvil para en caso de no tener otra manera, reproducirlas durante el cambio de año y poder comernos nuestras uvas. Elegimos las campanadas de 1990 retransmitidas por Martes y Trece. Por suerte no fue necesario usarlas, porque probablemente no hubiésemos comido ni una. De todas formas se nos olvido comprarlas... Aqui lo celebran al rollo americano, cuenta atrás todo el mundo gritando y fuera. Año nuevo.


Nuestro plan inicial era buscar un sitio decente para cenar, que en Wellington los hay muchos y bastante económicos. Pero esa misma tarde conocimos a una pareja de franceses y cambiamos los planes. congeniamos muy bien y compartimos la tarde/noche con ellos. Ella, Ellisien, francocatalana de Perpignan y él, Fabián, de Valenciennes, están haciendo una especie de vuelta al mundo, alucinante. Para más inri terminamos la noche en una casa en la que tenían montado un buen fiestón. Nos colamos, gracias en parte a que había gente de Girona. A modo de conraseña para que nos dejasen entrar, les decía en catalán que había nacido en el hospital Josep Truita en Girona, cosa que es cierta. Nos dejaron entrar altamente emocionados, no sin antes explicarme que el hospital es Josep Trueta, y no Josep Truita, que vendría a ser José Tortilla en castellano. Este cortocircuito mental me hizo recordar otro que tuve hace unas semanas con nuestro vendedor de la furgi:

 
Cuando tuvimos el percance con la furgi, le llamamos por teléfono. El kiwi vendedor se llama Bevan, pero yo creía recordar que se llamaba Bevis. Y así pasé a llamarle hasta que me di cuenta de mi error, unas cuantas conversaciones después. Bevis se parece bastante a Babies, por lo menos con mi pronunciación, lo cual queda bastante ridículo, especialmente si lo utilizas para nombrar a un tipo de lo más brutote como el susodicho kiwi vendedor. La cosa no quedó ahí si no que Paul, el kiwi mecánico que nos ayudó me comentó que si yo quería él podía hablar con el kiwi
vendedor (Bevan, que no Bevis ni Babies) para explicarle con mayor exactitud (y con mejor inglés ya de paso) lo que había pasado con la furgoneta. Al pedirme el nombre del kiwi vendedor y estar yo todavía errado, le comenté : 'Se llama Bevis'. Paul respondió : ' Uhhmmm, ¿como?'. Le vuelvo a comentar : 'Creo que se llama Bevis'. Paul : 'Ah, ok, ok'. Lo que debió pensar el kiwi vendedor debió ser algo como...'A ver,...me llama un capullo de no se donde al que le he vendido una furgoneta y que me la ha petado para ver si le ayudo, le digo que si, y aún así  el tio me llama Bebés, y no solo eso si no que al rato me llama su mecánico para contarme lo que cojones le pasó a la furgo y ¡¡¡me llama Bebés también!!!'.
 
Uno de los gremios que estamos conociendo muy bien a parte del de los granjeros es el de los policías. Y ya tenemos nuestra primera kiwimulta!! Yujuuuuuuu! 120 dolares neozelandeses por un pequeño exceso de velocidad. Estos kiwis no se aclaran! El primer día que si vamos muy lentos, ahora que si vamos muy rapido....Por Dios!! Además de éste, el día de Nochebuena recibí una pequeña reprimenda por saltarme un stop, pero se quedó en eso. De todas formas son muy aficionados a parar a los coches, hemos visto muchísmos (nótese la ausencia de la segunda i) ejemplos. Además son muy exageraos, con las luces a tope y todo. Han visto muchas pelis de polis éstos...

La cuestión es que después de nuestra Nochevieja, nos montamos en el ferry a las 8 y media de la mañana del día 1 (mala elección viendo como se desarrolló la noche) y nos plantamos en Picton, en la isla Sur, más o menos a la hora que os estábais comiendo las uvacas.
La isla Sur si que mola!!! Hasta el momento habíamos disfrutado de muchas cosas preciosas en la Norte, pero todo el mundo nos avisaba que la isla Sur era todavía mejor. No nos engañaron, esto es absolutamente increíble. Llevamos aquí apenas 4 días y ya hemos visto playas paradisíacas, selvas subtropicales, glaciares, y en los próximos días iremos a visitar unos fiordos.




Además de eso ya hemos practicado nuestros insultos en inglés. Ello ha sido posible a que nos hemos encontrado por primera vez a un kiwi gilipollas (no esta mal llevando aquí mes y pico). El día 1 por la noche decidimos quedarnos cerca de un camping que estaba lleno, sin plaza ninguna, a dormir en la furgi. El  kiwi gilipollas resultó ser el dueño del camping y no le gustó nuestra idea, aún teniendo su camping a tope, así que en cuanto aparcamos decidió venir a tocarnos las narices de muy malas formas, incluso un poco agresivas. Además la kiwi gipollas de su mujer no paraba de amenazarnos con llamar a la policía (y ya hemos tenido bastante por el momento) y como cualquier intento de razonar fue imposible, no tuvimos más remedio que mandarlo un poquito a la mierda en su idioma antes de abandonar el lugar, y la verdad que nos quedamos bastante a gusto...



Hay que decir que la gente de la costa Oeste, que cruzamos durante los dos primeros días del año, parecen un poco mas secos. Cuando contamos el tema del kiwi gilipollas y el de la multa a nuestros nuevos granjeros, no les extrañó del todo y le dieron una posible explicación. El pueblo del kiwi gilipollas es en el que quedaron sepultados unos cuantos mineros hace unas semanas y quizás eso ha empeorado sus caracteres.



Y decir que estamos pasando estos días en Arrowtown, un pueblo que nos obliga a desdecirnos de nuestro comentario del último día de que aquí no hay pueblos excesivamente bonitos. Éste lo es, y mucho. Estamos currando en una casa de una pareja de jubilados que tienen un negocio de 'bed and breakfast'. Son geniales, y la casa preciosa. Estamos muy a gusto aquí, la pena es que tenemos que marcharnos el dia 6, ya que viene su hijo que vive en Irlanda con la ristra de nietos, y no
tendrán espacio para nosotros. Una pena, porque nos están haciendo sentir de maravilla aquí. Pero bueno, después de aquí nos vamos a currar en un negocio de kayaks en un parque nacional, lo cual puede ser bastante divertido...


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Doña, Rafa, Marianciña os tenemos presentes en todo momento!
Cate, gracias por decirme que no necesito el gloss.
María, nunca eres cursi!
Xavi, gracias por comentar en todo lo que escribimos!
Juanki, Laura, por fin os vemos por aquí, aunque sabemos que nos leíais en silencio....
Paula, Pepe, os esperamos por aquí.
Carras, que ganas de volver a tomarnos unas birracas en el Green`s!!!!
Rocio, te siento más cerca que cuando vivía en Valencia!
Lucas, estás de vacaciones?
Coru, Cai, donde estáis?

A todos, os echamos de menos!!!!